Un muro no es la solución

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“Dale poder a un tonto y se volverá un tirano”.

El odio y el muro de Trump se puede resumir en una sola palabra: racismo. Lo sabe él, lo saben ellos, lo sabemos todos. La supremacía blanca ha “recuperado” el poder y quieren hacer énfasis en ello. Primero serán los latinos (mexicanos, salvadoreños, hondureños, etc.), después les seguirán los  asiáticos y afro americanos. Es solo cuestión de tiempo. Los Bad Hombres deben ser expulsados del país (USA). Ellos son culpables por las crisis económicas, la violencia y delincuencia en las calles, de la drogadicción, y también del error histórico en los Oscares, de esa “confabulación” denominada calentamiento global, de las altas tasas de intereses, del sobre peso en los niños, del envejecimiento de nuestras mascotas, de … ¡todo!

¿Para qué dar soluciones a los problemas si en vez de ello podemos crear culpables y señalarlos con el dedo? ¿Para qué unir a las personas si es más fácil crear discordia entre todos? ¿Para qué abrir fronteras cuando es mejor crear muros y separar a las personas? Sencillo: los políticos no saben resolver problemas, solo plantearlos. Y si encuentran una solución dirán que es imposible de hacer.  El muro no resolverá los problemas económicos de los blancos, pero servirá de excusa para “limpiar la zona”. Los votantes frustrados seguirán frustrados. Su odio seguirá en su corazón. El muro se construirá, pero no detendrá a las personas. Pues su necesidad es mucho más que su miedo.  Entiende Trump, la gente va a trabajar por necesidad no por gusto. No le quitan el trabajo a nadie. Los blancos no cultivan los vegetales ni fruta que se comen. Tampoco conducen los taxis que los llevan a su casa. No cocinan en los restaurantes ni lavan los platos después de usar. Entiende Trump, los latinos no protagonizan películas en Hollywood. No tienen hits en la música en inglés. Tampoco venden basura en Internet ni se drogan. La droga es para los blancos, ellos no la pueden pagar. En resumen: los latinos no dañan tu país (al menos la mayoría no).

“¡P…Pero invaden mi país!”, dirán algunos necios pero olvidan que sus ancestros no nacieron allá. Ellos, al igual que muchos otros, llegaron de tierras lejanas esperando un mejor porvenir. Los gringos como Trump (no todos, eso está claro) olvidan su historia. No tienen raíces y viven de la ficción. Crean enemigos donde no los hay. Primero los aborígenes, a quienes les quitaron su tierra y libertad, eran el enemigo a vencer. Después fueron los africanos, a quienes trajeron a América como esclavos, tildados de bárbaros y asesinos por reclamar igualdad. Más tarde los irlandeses, chinos e italianos, árabes y ahora mexicanos. Llegará el día que alguien los ponga en su lugar. Si no es Rusia o China será su propia gente quien alce y salga a pelear por la verdadera libertad. Esa libertad en la que creían los fundadores de la tierra de los sueños y esperanza. Esa tierra que tal vez nunca fue. Y tal vez nunca será.

 

 

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